- Lo esencial: La Torre del Saracino, el restaurante con dos estrellas del chef Gennaro Esposito, deja Vico Equense para instalarse en el palace Bellevue Syrene, en Sorrento.
- La ambición declarada: conseguir una tercera estrella Michelin en Campania.
- Las direcciones: el Grand Hotel La Favorita y su rooftop Bellavista frente al Vesubio, el Hôtel Belair y sus 46 habitaciones y suites con vistas al mar, el Grand Hotel Europa Palace y su club de playa sobre un pantalán.
- En cuanto a las mesas: el chef Domenico Iavarone toma los mandos del restaurante Zest; O’ Parrucchiano ofrece cenas bajo limoneros centenarios.
- Dónde: península de Sorrento, Campania, a unos 50 kilómetros de Nápoles y frente al Vesubio.
Frente a la majestad del Vesubio, la península de Sorrento se impone ahora como el laboratorio de un nuevo lujo de gran sutileza. La elegancia contemporánea celebra allí el arte de vivir, el perfume embriagador de los cítricos y la belleza salvaje de la costa rocosa. Esta búsqueda de sinceridad se traduce en direcciones de excepción donde la historia se encuentra con la modernidad, ofreciendo a los viajeros exigentes una inmersión sensorial única entre palaces históricos y mesas gastronómicas audaces.
La alianza histórica del Bellevue Syrene y de Gennaro Esposito
El Bellevue Syrene marca el año 2026 al acoger a La Torre del Saracino, la institución con dos estrellas del chef Gennaro Esposito. Este traslado principal desde Vico Equense ilustra la fusión perfecta entre hotelería de prestigio y alta gastronomía. Esta colaboración de gran envergadura ambiciona conseguir una tercera estrella Michelin bajo el cielo de Campania. Los huéspedes del palace ya pueden saborear esta cocina de autor frente al panorama espectacular del golfo de Nápoles, haciendo de cada cena un momento de gracia absoluta.
El Grand Hotel La Favorita y el Hôtel Belair: entre tradición y modernidad
En el corazón del centro histórico, el Grand Hotel La Favorita celebra el estilo de vida mediterráneo con sus azulejos artesanales y su rooftop Bellavista dotado de una piscina climatizada frente al Vesubio. Por su parte, el Hôtel Belair, gestionado por la familia Russo, propone una visión contemporánea y depurada del lujo. Sus cuarenta y seis habitaciones y suites ofrecen todas unas vistas frontales y espectaculares sobre el mar Tirreno. Estas dos direcciones demuestran la diversidad y la complementariedad de la oferta hotelera sorrentina, uniendo herencia familiar y diseño depurado.
La excelencia gastronómica y de playa de la costa sorrentina

La escena culinaria también se enriquece gracias al chef Domenico Iavarone, que insufla una modernidad depurada al restaurante Zest sublimando el limón local. Para los amantes del descanso exclusivo, el Grand Hotel Europa Palace propone un Beach Club privado acondicionado en un pantalán de madera al pie del acantilado. Estas experiencias sensoriales y confidenciales redefinen los estándares del viaje de alta gama en Italia. Por último, la institución histórica O’ Parrucchiano permite cenar bajo un bosque de limoneros centenarios, mientras que el Hôtel Mediterraneo en Sant’Agnello se impone como el lugar imprescindible para celebrar el ritual de la puesta de sol.
Nuestra mirada
Sorrento ha servido durante mucho tiempo de campamento base más que de destino. Se dormía allí para ir a Capri por la mañana y a Pompeya por la tarde, y la hotelería local se había acomodado a este papel de escala, cómoda pero sin ambición propia. La instalación de La Torre del Saracino en el Bellevue Syrene cambia las reglas del juego, y no solo para el palace que lo acoge. Una mesa con dos estrellas en el interior de un hotel transforma la estancia misma en un motivo de viaje, allí donde la península no era más que un punto de partida.
Queda por ver si el resto del sector seguirá el ejemplo. El Grand Hotel La Favorita y el Hôtel Belair muestran dos vías opuestas, la herencia familiar por un lado y la sencillez contemporánea por el otro, y es precisamente esta diversidad la que le faltaba a la vecina costa amalfitana, más uniforme en su lujo. Sorrento tiene en su mano una baza que no había jugado hasta ahora: la de una dirección a la que se viene para quedarse, con el Vesubio como horizonte y la discreción como plus.









