- En la primavera de 2026, la caída de la afluencia en Dubái obligó a algunos hoteles de cinco estrellas a ofrecer descuentos del 50 al 70 %.
- Una investigación de The Guardian contabilizó cerca de 6.500 muertes entre los trabajadores migrantes en Catar entre 2010 y 2021.
- En su índice de 2025, Reporteros sin Fronteras sitúa a los Emiratos en el puesto 138.º del mundo en libertad de expresión.
- El proyecto NEOM, en Arabia Saudí, generaría cerca de 1,8 gigatoneladas de CO2 según estimaciones universitarias.
Sobre el papel, el Golfo nunca había apostado tanto por la hotelería de lujo: nuevas torres en Dubái, palacios en Doha, megarresorts saudíes en el mar Rojo. Y, sin embargo, en 2026 se alza otra señal. Entre una afluencia en caída, descuentos espectaculares y un debate ético cada vez más ruidoso, una parte de los viajeros y de los inversores occidentales toma claramente distancia con el destino.
Para La Revue des Hôtels, la cuestión no es negar el poder financiero de la región, bien real, sino comprender por qué su modelo, durante mucho tiempo presentado como el futuro del turismo de lujo, choca hoy con unos límites que el sector ya no puede ignorar con un gesto de la mano.
Descuentos masivos y una afluencia a la baja
La primera señal es comercial. En la primavera de 2026, tras las tensiones regionales ligadas al conflicto con Irán, varios análisis de mercado constataron una marcada caída de las tasas de ocupación en Dubái, lo que empujó a numerosos establecimientos a malvender sus tarifas. Algunos cinco estrellas concedieron descuentos del 50 al 70 % por debajo de sus precios anunciados para llenar sus habitaciones este verano. Los visitantes de larga distancia de Europa Occidental, antaño motores del crecimiento, no regresan a los volúmenes de antes, mientras que una parte del turismo de negocios se redistribuye hacia capitales como Amán, Beirut o El Cairo.

El coste humano de las obras del lujo
Tras las fachadas relucientes, la cuestión del trabajo migrante sigue siendo explosiva. La mayoría de estos complejos fueron construidos por una mano de obra procedente del sur de Asia, en particular de la India, Nepal y Bangladés, empleada bajo el sistema de la kafala, que vincula al trabajador con su empleador. Human Rights Watch y Amnistía Internacional denuncian desde hace años abusos persistentes: confiscación de salarios, condiciones peligrosas, muertes inexplicadas. En Catar, una investigación de The Guardian había contabilizado cerca de 6.500 muertes entre los trabajadores migrantes entre 2010 y 2021, en el contexto de obras vinculadas al turismo y al Mundial. Para una clientela cada vez más atenta a la ética, estos relatos pesan.

Libertades: un abismo con la clientela internacional
Es, sin duda, el punto más sensible. Tanto en los Emiratos como en Catar, la homosexualidad sigue penalizada, castigada con varios años de prisión, y la expresión de género de las personas transgénero está criminalizada. Human Rights Watch ha documentado detenciones y malos tratos a personas LGTBI+. Los derechos de las mujeres siguen sujetos a mecanismos de tutela, y la libertad de expresión permanece limitada: en su índice de 2025, Reporteros sin Fronteras sitúa a los Emiratos en el puesto 138.º del mundo y recuerda que, en Catar, la religión, la familia reinante, los derechos de las mujeres o de las personas LGTBI+ siguen siendo temas tabú para los periodistas. Otras tantas líneas rojas que chocan con los valores de una parte de la clientela europea y norteamericana.

Una factura medioambiental récord
El argumento ecológico también gana fuerza. Catar exhibe una de las huellas de carbono por habitante más elevadas del planeta, en torno a las cincuenta toneladas de CO2 al año. En Arabia Saudí, solo la construcción de The Line, la ciudad lineal del proyecto NEOM, generaría cerca de 1,8 gigatoneladas de CO2 según estimaciones universitarias. En el mar Rojo, el desarrollo de resorts en pleno ecosistema coralino hace temer a los científicos daños irreversibles para la fauna marina, por no hablar de la dependencia masiva de la desalinización y del aire acondicionado. Difícil, en estas condiciones, presumir de un lujo «sostenible».

Un riesgo reputacional que el lujo ya no puede ignorar
Seamos justos: el Golfo sigue invirtiendo miles de millones y no se va a desmoronar mañana. Pero el lujo ya no se reduce al mármol y a las piscinas infinitas. Para una parte creciente de viajeros y de fondos, la ética, los derechos humanos y la huella ecológica se han convertido en criterios de elección por derecho propio. Es precisamente ese terreno el que ganan destinos como el Mediterráneo o Francia, que acaba de consagrar una nueva oleada de palacios (que puedes descubrir en nuestra guía de los nuevos palacios de Francia 2026). La cuestión ya no es saber si el Golfo todavía puede construir, sino si todavía puede hacer soñar sin cambiar de modelo.










